Sobre el tema de establecer normas en los eventos musicales que se hagan en Chile encuentro personalmente muy bueno de que se regule una actividad que sin duda trae beneficios a todos. Unos de los ejes fundamentales es que sea obligatorio que hayan músicos chilenos, lo que sin duda, apunta al tema de los eventos que hacen artistas internacionales por todo lo que conllevan, desde los flujos monetarios hasta la masividad, lo que sin duda convierte estas situaciones en oportunidades para los artistas chilenos. Encuentro excelente la idea. Sobre este tema encuentro la idea excelente, porque mirando las cosas fríamente, todos ganan. Gana en primer lugar el telonero porque aprovecha la oportunidad dada por el evento principal de mostrar su arte a la gente y de este modo hacerse conocido y que su obra llegue a más personas; el taloneado gana porque va a quedar “bien parado” frente a todos, por haberle dado la oportunidad de que representantes culturales del país hayan podido mostrarse en el espacio otorgado, y por supuesto, gana el pueblo chileno, pues al conocer a sus artistas en estas instancias, permite que se incremente el ya valioso patrimonio cultural de la Nación Chilena.
Pero quizá el más importante a mi juicio y el de la mayoría de quienes están involucrados en este mundo es el de la norma obligatoria. El dicho proyecto de ley de aprobarse, obligará a todas las radioemisoras chilenas a tocar un 20% de música chilena de la cual una cuarta parte deberá ser folklórica, lo que sin duda refleja la rentabilidad social que posee la música chilena y el respeto por las garantías constitucionales, pues esta medida viene a apoyar e incrementar el patrimonio cultural de la Nación, reflejando el Artículo 19 N° 10 inciso 6 o el N°25, a mi juicio. Esto reviste sin duda un gran avance, pues esta búsqueda de justicia para la música chilena ha dado un gran paso, considerando el actual estado cultural de Chile, debido a los problemas acarreados por falta de regulación y de la globalización, tales como son el imperialismo cultural, la dictadura de las modas y tendencias foráneas y transculturizadoras, y más grave aún, la degradación cultural, que en todo caso no ha podido destruir el espíritu propio, pluralista y democrático de la música chilena. Por lo tanto una norma como está vendría a sanear gran parte de estos vicios, lo que sin duda va en pro del bien común y de un mejor Chile.
No obstante no hay que estar tranquilo. Considerando la importancia de la música chilena en la sociedad, la historia nacional, entre otras facetas y características propias, el porcentaje dado si bien es un avance notable no es suficiente. Considerando lo anterior, creo que lo más justo es que dicha norma sea de un 50% distribuida heterogéneamente a lo largo de las 24 horas del día e independiente de la existencia de programas que hacen de la chilenidad su base. Un 50% que refleja justicia y equidad y que vendría a saldar definitivamente la deuda cultural que Chile tiene consigo mismo.
Ahora, pienso en algunas críticas que han dado ciertos sujetos. Se han dicho que estas medidas son inscontitucionales, dictatoriales, oportunistas, que fomenta la “mala calidad de la música chilena, que la gente no necesita música chilena porque no la oye y no es rentable económicamente. A ellos les debo decir que sus críticas no tienen fundamento. En primer lugar la “mala calidad de la música nacional” es una falacia, pues en general, la música chilena es buena (una muestra de eso es la percepción que tienen extranjeros de nuestra cultura como por ejemplo mexicanos o franceses). Que las medidas son inconstitucionales ya en los párrafos anteriores se demostró que se reflejan alguna garantías constitucionales; no hay ningún oportunismo, pues todos saldrán beneficiados, desde artistas consolidados hasta los llamados emergentes (cítese hoy en día el caso de Garage Music y Balmaceda Bandas Jóvenes como espacios que dan oportunidad a estos últimos). Sobre lo dictatorial, no lo veo así, pues los artistas chilenos, y en general, la comunidad cultural respeta el fuero de conciencia que ya es en sí inviolable y que respeta lo diverso. Además, me atrevo a emplazarlos a porqué no atribuyen carácter dictatorial a manifestaciones como el regueton, que sin duda a empobrecido la cultura chilena y la educación. Quizá no porque se han dejado llevar por el poder maléfico del mercado y el imperialismo. Y la crítica más usada es que la gente no escucha música chilena. Pues se equivocan, pues pese a los apagones culturales que han buscado dejarnos en la ignorancia, las transculturizaciones, y otros hechos nefastos. el espíritu de la música chilena se ha mantenido, y todos han sabido mantenerlo, desde yendo a eventos nacionales, metiendo la música en los círculos cercanos hasta opinando como lo hago yo en este momento. Y con esta norma se atacaría el problema de difusión pues ya con un mínimo obligatorio daría a conocer lo patrio. No soy quien por último para hablar de economía, pues creo que hay cosas que pesan más que la mera rentabilidad económica, como lo es la rentabilidad social, la cual es un atributo general de la música chilena. En conclusión, se puede decir que estos proyectos son justos y necesarios. Queda aún mucho por hacer, como por ejemplo dar más cabida y apoyo a los artistas emergentes, mejoramiento de los eventos culturales, cosas que ya vendrán y de penden de Chile; por el momento estos proyectos son un reflejo y un avance que la comunidad de la música chilena necesita y desea.
Ahora la clave es la perseverancia. Perseverancia para seguir adelante y derribar los obstáculos. Confío en Chile y en su gente. Es hora de seguir difundiendo. Artista, seguidor, referente de opinión, etc. puede y debe cumplir un papel en comunicar estas propuestas, defenderlas y enriquecerlas. Es ahora o nunca para que haya justicia y no se entrampen estas iniciativas. Con la misma fuerza que se han resistido las circunstancias, la música chilena pide justicia ahora ya. De nosotros depende llegar a buen puerto para que en el día de mañana Chile celebre el día de su Segunda Independencia, el día en que Chile saldó su deuda con su cultura.
Ahora la clave es la perseverancia. Perseverancia para seguir adelante y derribar los obstáculos. Confío en Chile y en su gente. Es hora de seguir difundiendo. Artista, seguidor, referente de opinión, etc. puede y debe cumplir un papel en comunicar estas propuestas, defenderlas y enriquecerlas. Es ahora o nunca para que haya justicia y no se entrampen estas iniciativas. Con la misma fuerza que se han resistido las circunstancias, la música chilena pide justicia ahora ya. De nosotros depende llegar a buen puerto para que en el día de mañana Chile celebre el día de su Segunda Independencia, el día en que Chile saldó su deuda con su cultura.
Nikos Bunker
Por la Música Chilena
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