Conciertos y eventos en vivo. Algo que siempre esperamos y disfrutamos en Chile. Y si es un “gran grupo” extranjero o aun, chilenos (para las personas que saben apreciar el patrimonial cultural nacional) harán todo por estar presentes, llegando incluso a desembolsar grandes cantidades de dinero, participando en concursos, entre otras cosas.Esta situación a mi juicio se acrecienta frente a grupos extranjeros; en estos últimos meses fuimos y seremos testigos de la venida de artistas de varios espectros, desde Iron Maiden hasta Oasis por citar. Una clara manifestación de la revolución que hacen los grupos grandes, los llamados “grupos masivos”, como los definen algunas personas.
Pero al ver el efecto de los grupos masivos (chilenos y extranjeros, pero sobre todo el caso de los extranjeros) en la cultura chilena, me pregunto porqué nosotros los chilenos estamos dispuestos a ensangrentar nuestras billeteras por eventos masivos el extranjero, mas la tratamos con candado para el caso de nuestros artistas chilenos, y en especial de las llamadas “bandas emergentes”.
A juicio personal, siempre lo foráneo es más difundido que lo propiamente chileno, quizá por ser considerado más atractivo, más original, más superior, etc. (lo que sin duda reviste falacia), además de la culpa que tienen los medios de comunicación, cuya mayoría no da el espacio que se merece lo chileno, por criterios economicistas o de terrorismo cultural (véase ejemplos de casos de terrorismo en las radios que se basan en el reguetón), y agréguese el papel nulo o excesivamente pasivo de las personas y entes responsables de una mayor difusión. La clave para subsanar a la larga dichos problemas es una política cultural activa, que complemente la acción entre los entes culturales y dé trato digno a toda la cultura chilena, en el caso expuesto, a la música chilena.
Las bandas emergentes dije en artículos anteriores, son esenciales para el país al ser principalmente fuentes de renovación y enriquecimiento cultural a lo largo de todo Chile. .Deben a mi juicio recibir apoyo, desde mayor disponibilidad de escenarios, mayor disposición de recursos (económicos y no económicos), además de un trato digno y ético, con igualdad de oportunidades, tarea en la cual todos tenemos algo para contribuir. Lo mismo aplica para los grupos ya considerados consolidados, o bien, estén entre las dos situaciones. Todos requieren urgentemente ya no un trato justo, sino un trato digno.
Entre otras medias, se sugiere (y este es el tema principal del artículo) que todos los eventos extranjeros que se presenten en Chile tengan teloneros chilenos.Una medida a mi juicio muy buena, que daría grandes oportunidades de difusión y de la cual, de hecho, hay un proyecto de ley que se encuentra en este momento en el Congreso Nacional. Una medida con la cual ganan todos. En primer lugar obviamente gana el telonero, pues aprovecha de mostrar su talento en el escenario; gana el teloneado, pues en cierto modo mejora su imagen frente a todos al dar la oportunidad en su evento de hacer participar al talento chileno y gana todo Chile, pues con eso se difunde mucho más cultura, hace que llegue a más personas y que surja un interés por lo nacional. Ejemplos de estos casos es la presencia de teloneros chilenos en el “Pepsi Fest” o el de Radiohead que fue teloneado por el grupo Casino, los cuales sin duda fueron eventos de gran éxito.
Hay críticas desde luego, mas me detendré en dos principalmente. La primera crítica dice que en realidad los chilenos ganan con los eventos extranjeros debido a que existen dineros transferidos a entidades como la Sociedad Chilena del Derecho de Autor (SCD). A ella debo responder que si bien es cierta la ganancia, no hay que reducir todo a meros criterios economicistas, pues al hacerlo “matamos” a la cultura nacional (el dinero no lo es todo); además de no apreciarse a simple vista la inversión de este dinero en un apoyo mayor para las bandas. La segunda crítica dice que los teloneros chilenos no funcionarían porque la gente paga por ir a ver al artista principal, no al telonero, y que en los casos que se ha dado ha sido frustrante para el telonero por no ser compatibles los estilos. Se responde a esta crítica que el tema de incompatibilidad de teloneros no es un problema de derecho, sino de hecho, y para solucionarlo se necesita hacer caso al sentido común (obviamente es muy arriesgado poner un grupo “pop” teloneando a uno de “death metal”) buscando compatibilidad entre telonero y teloneado. Y sobre la primera parte de la segunda crítica si bien es verdad la causa del contrato, el telonero viene a ser una muestra interesante de talento nacional para el espectador del concierto, talento que debe ser respetado; además un poco de chilenidad y educación no le hace mal a nadie. Se ve que las críticas en esta materia en realidad tienen otras causas distintas al constructivismo y que al contrario, intenta seguir con el asqueroso y cobarde sistema de chaqueteo. Volver al caso del Pepsi Fest o de la mayoría de eventos con telonero chileno compatible, se verá el éxito y buena acogida de la medida.
Se puede ver que todos ganan con esta medida de teloneros chilenos y que si es factible.
Ahora hay que esperar que salga la “ley de teloneros”. Mientras tanto, el llamado es a seguir trabajando, a generar conciencia, a brindar espacios y apoyo a nuestros artistas chilenos, emergentes y consolidados, nortinos y sureños, etc., sin miedos. Como dije, cada uno tiene su grano de arena para aportar a esta noble labor de construcción cultural. ¡A ponerlo en la mesa al servicio de la cultura!
Se puede ver que todos ganan con esta medida de teloneros chilenos y que si es factible.
Ahora hay que esperar que salga la “ley de teloneros”. Mientras tanto, el llamado es a seguir trabajando, a generar conciencia, a brindar espacios y apoyo a nuestros artistas chilenos, emergentes y consolidados, nortinos y sureños, etc., sin miedos. Como dije, cada uno tiene su grano de arena para aportar a esta noble labor de construcción cultural. ¡A ponerlo en la mesa al servicio de la cultura!