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lunes, 6 de abril de 2009

REFLEXIONES SOBRE TELONEROS CHILENOS Y OTRAS COSAS

Conciertos y eventos en vivo. Algo que siempre esperamos y disfrutamos en Chile. Y si es un “gran grupo” extranjero o aun, chilenos (para las personas que saben apreciar el patrimonial cultural nacional) harán todo por estar presentes, llegando incluso a desembolsar grandes cantidades de dinero, participando en concursos, entre otras cosas.
Esta situación a mi juicio se acrecienta frente a grupos extranjeros; en estos últimos meses fuimos y seremos testigos de la venida de artistas de varios espectros, desde Iron Maiden hasta Oasis por citar. Una clara manifestación de la revolución que hacen los grupos grandes, los llamados “grupos masivos”, como los definen algunas personas.
Pero al ver el efecto de los grupos masivos (chilenos y extranjeros, pero sobre todo el caso de los extranjeros) en la cultura chilena, me pregunto porqué nosotros los chilenos estamos dispuestos a ensangrentar nuestras billeteras por eventos masivos el extranjero, mas la tratamos con candado para el caso de nuestros artistas chilenos, y en especial de las llamadas “bandas emergentes”.
A juicio personal, siempre lo foráneo es más difundido que lo propiamente chileno, quizá por ser considerado más atractivo, más original, más superior, etc. (lo que sin duda reviste falacia), además de la culpa que tienen los medios de comunicación, cuya mayoría no da el espacio que se merece lo chileno, por criterios economicistas o de terrorismo cultural (véase ejemplos de casos de terrorismo en las radios que se basan en el reguetón), y agréguese el papel nulo o excesivamente pasivo de las personas y entes responsables de una mayor difusión. La clave para subsanar a la larga dichos problemas es una política cultural activa, que complemente la acción entre los entes culturales y dé trato digno a toda la cultura chilena, en el caso expuesto, a la música chilena.
Las bandas emergentes dije en artículos anteriores, son esenciales para el país al ser principalmente fuentes de renovación y enriquecimiento cultural a lo largo de todo Chile. .Deben a mi juicio recibir apoyo, desde mayor disponibilidad de escenarios, mayor disposición de recursos (económicos y no económicos), además de un trato digno y ético, con igualdad de oportunidades, tarea en la cual todos tenemos algo para contribuir. Lo mismo aplica para los grupos ya considerados consolidados, o bien, estén entre las dos situaciones. Todos requieren urgentemente ya no un trato justo, sino un trato digno.
Entre otras medias, se sugiere (y este es el tema principal del artículo) que todos los eventos extranjeros que se presenten en Chile tengan teloneros chilenos.Una medida a mi juicio muy buena, que daría grandes oportunidades de difusión y de la cual, de hecho, hay un proyecto de ley que se encuentra en este momento en el Congreso Nacional. Una medida con la cual ganan todos. En primer lugar obviamente gana el telonero, pues aprovecha de mostrar su talento en el escenario; gana el teloneado, pues en cierto modo mejora su imagen frente a todos al dar la oportunidad en su evento de hacer participar al talento chileno y gana todo Chile, pues con eso se difunde mucho más cultura, hace que llegue a más personas y que surja un interés por lo nacional. Ejemplos de estos casos es la presencia de teloneros chilenos en el “Pepsi Fest” o el de Radiohead que fue teloneado por el grupo Casino, los cuales sin duda fueron eventos de gran éxito.
Hay críticas desde luego, mas me detendré en dos principalmente. La primera crítica dice que en realidad los chilenos ganan con los eventos extranjeros debido a que existen dineros transferidos a entidades como la Sociedad Chilena del Derecho de Autor (SCD). A ella debo responder que si bien es cierta la ganancia, no hay que reducir todo a meros criterios economicistas, pues al hacerlo “matamos” a la cultura nacional (el dinero no lo es todo); además de no apreciarse a simple vista la inversión de este dinero en un apoyo mayor para las bandas. La segunda crítica dice que los teloneros chilenos no funcionarían porque la gente paga por ir a ver al artista principal, no al telonero, y que en los casos que se ha dado ha sido frustrante para el telonero por no ser compatibles los estilos. Se responde a esta crítica que el tema de incompatibilidad de teloneros no es un problema de derecho, sino de hecho, y para solucionarlo se necesita hacer caso al sentido común (obviamente es muy arriesgado poner un grupo “pop” teloneando a uno de “death metal”) buscando compatibilidad entre telonero y teloneado. Y sobre la primera parte de la segunda crítica si bien es verdad la causa del contrato, el telonero viene a ser una muestra interesante de talento nacional para el espectador del concierto, talento que debe ser respetado; además un poco de chilenidad y educación no le hace mal a nadie. Se ve que las críticas en esta materia en realidad tienen otras causas distintas al constructivismo y que al contrario, intenta seguir con el asqueroso y cobarde sistema de chaqueteo. Volver al caso del Pepsi Fest o de la mayoría de eventos con telonero chileno compatible, se verá el éxito y buena acogida de la medida.
Se puede ver que todos ganan con esta medida de teloneros chilenos y que si es factible.
Ahora hay que esperar que salga la “ley de teloneros”. Mientras tanto, el llamado es a seguir trabajando, a generar conciencia, a brindar espacios y apoyo a nuestros artistas chilenos, emergentes y consolidados, nortinos y sureños, etc., sin miedos. Como dije, cada uno tiene su grano de arena para aportar a esta noble labor de construcción cultural. ¡A ponerlo en la mesa al servicio de la cultura!

miércoles, 17 de diciembre de 2008

PROYECTOS Y LEYES EN PRO DE LA MÚSICA CHILENA ¿JUSTICIA AL FIN?

Muchos creían que no pasaría. En estos últimos meses, han sido puestos en el tablero de debate de nuestro Congreso Nacional o serán puesto proyectos que van en pro de apoyar nuestra música chilena, proveniente principalmente de diputados que vienen a complementar lo ya existente en materia cultural. Según el sitio Aldea Local y otras fuentes como el mismo Congreso, se tratan de 5 proyectos de ley, que de aprobarse, garantizarían el desarrollo musical en bienes de uso público, se mejoran los premios a la Música Nacional Presidente de la República y el Nacional a las Artes Musicales (extendiendo el criterio de adjudicación), normas para eventos musicales que se presenten en Chile (el tema de que la presencia de músicos chilenos sea obligatoria), y quizá el más importante, la fijación de un porcentaje mínimo de música chilena en todas las radios del país, respectivamente. Me referiré a continuación, por razones de tiempo y de espacio, a los dos últimos proyectos de ley.
Sobre el tema de establecer normas en los eventos musicales que se hagan en Chile encuentro personalmente muy bueno de que se regule una actividad que sin duda trae beneficios a todos. Unos de los ejes fundamentales es que sea obligatorio que hayan músicos chilenos, lo que sin duda, apunta al tema de los eventos que hacen artistas internacionales por todo lo que conllevan, desde los flujos monetarios hasta la masividad, lo que sin duda convierte estas situaciones en oportunidades para los artistas chilenos. Encuentro excelente la idea. Sobre este tema encuentro la idea excelente, porque mirando las cosas fríamente, todos ganan. Gana en primer lugar el telonero porque aprovecha la oportunidad dada por el evento principal de mostrar su arte a la gente y de este modo hacerse conocido y que su obra llegue a más personas; el taloneado gana porque va a quedar “bien parado” frente a todos, por haberle dado la oportunidad de que representantes culturales del país hayan podido mostrarse en el espacio otorgado, y por supuesto, gana el pueblo chileno, pues al conocer a sus artistas en estas instancias, permite que se incremente el ya valioso patrimonio cultural de la Nación Chilena.
Pero quizá el más importante a mi juicio y el de la mayoría de quienes están involucrados en este mundo es el de la norma obligatoria. El dicho proyecto de ley de aprobarse, obligará a todas las radioemisoras chilenas a tocar un 20% de música chilena de la cual una cuarta parte deberá ser folklórica, lo que sin duda refleja la rentabilidad social que posee la música chilena y el respeto por las garantías constitucionales, pues esta medida viene a apoyar e incrementar el patrimonio cultural de la Nación, reflejando el Artículo 19 N° 10 inciso 6 o el N°25, a mi juicio. Esto reviste sin duda un gran avance, pues esta búsqueda de justicia para la música chilena ha dado un gran paso, considerando el actual estado cultural de Chile, debido a los problemas acarreados por falta de regulación y de la globalización, tales como son el imperialismo cultural, la dictadura de las modas y tendencias foráneas y transculturizadoras, y más grave aún, la degradación cultural, que en todo caso no ha podido destruir el espíritu propio, pluralista y democrático de la música chilena. Por lo tanto una norma como está vendría a sanear gran parte de estos vicios, lo que sin duda va en pro del bien común y de un mejor Chile.
No obstante no hay que estar tranquilo. Considerando la importancia de la música chilena en la sociedad, la historia nacional, entre otras facetas y características propias, el porcentaje dado si bien es un avance notable no es suficiente. Considerando lo anterior, creo que lo más justo es que dicha norma sea de un 50% distribuida heterogéneamente a lo largo de las 24 horas del día e independiente de la existencia de programas que hacen de la chilenidad su base. Un 50% que refleja justicia y equidad y que vendría a saldar definitivamente la deuda cultural que Chile tiene consigo mismo.
Ahora, pienso en algunas críticas que han dado ciertos sujetos. Se han dicho que estas medidas son inscontitucionales, dictatoriales, oportunistas, que fomenta la “mala calidad de la música chilena, que la gente no necesita música chilena porque no la oye y no es rentable económicamente. A ellos les debo decir que sus críticas no tienen fundamento. En primer lugar la “mala calidad de la música nacional” es una falacia, pues en general, la música chilena es buena (una muestra de eso es la percepción que tienen extranjeros de nuestra cultura como por ejemplo mexicanos o franceses). Que las medidas son inconstitucionales ya en los párrafos anteriores se demostró que se reflejan alguna garantías constitucionales; no hay ningún oportunismo, pues todos saldrán beneficiados, desde artistas consolidados hasta los llamados emergentes (cítese hoy en día el caso de Garage Music y Balmaceda Bandas Jóvenes como espacios que dan oportunidad a estos últimos). Sobre lo dictatorial, no lo veo así, pues los artistas chilenos, y en general, la comunidad cultural respeta el fuero de conciencia que ya es en sí inviolable y que respeta lo diverso. Además, me atrevo a emplazarlos a porqué no atribuyen carácter dictatorial a manifestaciones como el regueton, que sin duda a empobrecido la cultura chilena y la educación. Quizá no porque se han dejado llevar por el poder maléfico del mercado y el imperialismo. Y la crítica más usada es que la gente no escucha música chilena. Pues se equivocan, pues pese a los apagones culturales que han buscado dejarnos en la ignorancia, las transculturizaciones, y otros hechos nefastos. el espíritu de la música chilena se ha mantenido, y todos han sabido mantenerlo, desde yendo a eventos nacionales, metiendo la música en los círculos cercanos hasta opinando como lo hago yo en este momento. Y con esta norma se atacaría el problema de difusión pues ya con un mínimo obligatorio daría a conocer lo patrio. No soy quien por último para hablar de economía, pues creo que hay cosas que pesan más que la mera rentabilidad económica, como lo es la rentabilidad social, la cual es un atributo general de la música chilena. En conclusión, se puede decir que estos proyectos son justos y necesarios. Queda aún mucho por hacer, como por ejemplo dar más cabida y apoyo a los artistas emergentes, mejoramiento de los eventos culturales, cosas que ya vendrán y de penden de Chile; por el momento estos proyectos son un reflejo y un avance que la comunidad de la música chilena necesita y desea.
Ahora la clave es la perseverancia. Perseverancia para seguir adelante y derribar los obstáculos. Confío en Chile y en su gente. Es hora de seguir difundiendo. Artista, seguidor, referente de opinión, etc. puede y debe cumplir un papel en comunicar estas propuestas, defenderlas y enriquecerlas. Es ahora o nunca para que haya justicia y no se entrampen estas iniciativas. Con la misma fuerza que se han resistido las circunstancias, la música chilena pide justicia ahora ya. De nosotros depende llegar a buen puerto para que en el día de mañana Chile celebre el día de su Segunda Independencia, el día en que Chile saldó su deuda con su cultura.
Nikos Bunker
Por la Música Chilena