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lunes, 15 de junio de 2009

DECLARACION DE DERECHO RESPECTO A PROYECTOS DE LEY Y NORMAS DE APOYO A LA MÚSICA CHILENA

Yo, Nicolás Cayo Márquez, Director de “La Voz de la Música Chilena” y estudiante de Derecho de la Pontificia Universidad Católica de Chile hago la siguiente declaración:
Frente a las diversas aseveraciones de que algunos de los proyectos de ley para fomentar la música y artes patrios, en especial los de “Establecimiento de 20% obligatorio de música chilena en radios” y “Telonero Chileno obligatorio”, además de medidas similares, son ilegales e inconstitucionales, manifestadas por algunas personas, debo decir que éstas cumplen con el derecho y deber de hacer público su pensamiento.
Declaro por mi parte que dichos proyectos se adecuan al marco legal y a la Carta Fundamental, de modo tal que no resultan incompatibles con el ordenamiento jurídico chileno.
Menciónese que existen muchos argumentos para apoyar medidas como éstas, pero a continuación expongo algunos argumentos constitucionales:
- El Art. 1 de la Constitución Política de la República menciona que “el Estado está al servicio de la persona humana y su finalidad es promover el bien común, para lo cual debe crear las condiciones sociales que permitan (…) a cada uno de los integrantes de la comunidad nacional su mayor realización espiritual y material posible”; además en “promover la integración armónica de todos los sectores de la Nación” , sin duda uno de los artículos más importantes según la intención del Constituyente por ser base fundamental. Sin duda, la música, al igual que todas las formas de arte son una manifestación única y esencial reflejo de nuestra identidad, presenta a lo largo de la historia con el componente de tradición que lleva envuelto, componente también muy valorado por el Constituyente y por supuesto, por la Nación Chilena, depositaria de la soberanía según el Art. 5 inciso 1. Ahora bien, es un hecho de que actualmente la música de los artistas patrios, se encuentra en una situación de desigualdad comparado con los elementos externos, no existiendo la armonía alegada, siendo de manifiesto al examinar las parrillas musicales de las radioemisoras. Por ende, el establecimiento de normas que apoyen nuestras manifestaciones culturales, por ejemplo, una norma mínima de cuotas en las radioemisoras del país o que autores chilenos presenten a los grupos extranjeros, so buenas medidas que ayudaría a incorporar a un sector cultural con un trato más digno y armonioso. Medidas como estas ayudarían al desarrollo principalmente espiritual y material de nuestras manifestaciones culturales, desarrollo valorado por la Constitución y que sin duda contribuirían al bien común chileno.
- El Art. 19 de la Constitución Política de la República, en su numeral décimo e inciso sexto enuncia “corresponderá al Estado, asimismo fomentar el desarrollo de la educación en todos sus niveles (…), la creación artística y la protección e incremento del patrimonio cultural de la Nación”. Sin duda muchos particulares, ya sean entes colectivos o personas naturales han buscado por su lado y distintos métodos crear, incrementar y/o proteger el patrimonio cultural. Por su parte el Estado a través de los organismos correspondientes ha realizado el cumplimiento de este mandato constitucional, como el caso del Fomento de la Música Nacional, FONDART, entre otros. Estos proyectos de ley de cuota mínima de música chilena en radios, de telonero chileno y los otros presentados sin duda alguna ayudarán a incrementar y proteger el patrimonio cultural (en este caso, el musical), pues romperá monopolios editoriales y acercará la música chilena a una mayor cantidad de personas. Medidas que democratizan los medios y la cultura y la pondrá al servicio de la misma gente y los creadores.
Siguiendo la línea, si bien ya se ejemplificó lo que el Estado hace en materia cultural, se considera que se debe hacer más, desde dar un apoyo más a los creadores de arte e instancias de difusión cultural, ya sean públicas o privadas, además de limitar las inequidades desproporcionadas provocada por la posición dominante de entes metidos en lo que muchos llaman el “mercado de la cultura”; por ende estas normas en trámite vendrían a ser un paso más en esta materia de justicia cultural, además de adecuarse a la Constitución y al ordenamiento chileno. Sería muy bueno que en un futuro próximo se elaboren medidas como establecer una norma de cuota de radiodifusión de música chilena de un 50%, mayor apoyo económico y social como la creación o subvención de más espacios e instancias de difusión culturales, apoyo a los artistas chilenos, ya sean emergentes o con trayectoria alguna, entre otros. Y aunque esta declaración se centra en la música, hay que aplicar los avances e iniciativas en las otras ramas igual de valiosas, como la pintura, escultura, fotografía, ciencia, literatura, entre otras expresiones del sentir humano para que nuestras manifestaciones lleguen a cada persona de Chile.
- Por su parte el Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales (PIDESC), ratificado por Chile y por ende incorporado al ordenamiento jurídico chileno según lo señalado en el Art. 5 inciso segundo de la Constitución Política de la República, el cual reconoce los derechos de los tratados internacionales ratificados por Chile y vigentes, reconoce en su Art. 2 numeral primero que los Estados partes del PIDESC adoptaran medidas para lograr la efectividad de los derechos de él, “hasta el máximo de los recursos de que se disponga (…) inclusive en particular la adopción de medidas legislativas”. Sin duda los proyectos de ley en cuestión son una manifestación de este mandato, que si bien no es una solución perfecta, viene de mano en dar el paso en este tema de justicia ya señalado. Ahora bien, el mismo PIDESC en su Art. 15 que es un derecho fundamental de toda persona de participar y gozar de la vida cultural, por lo que estos proyectos de ley vendrían a contribuir a dar más apoyo a esta participación y goce. Por su parte el Estado debe velar por la conservación, desarrollo y difusión de la cultura por las medidas pertinentes, además de ponerla al servicio de la gente. Se vuelve a reiterar que medidas como las señaladas en este documento, así como similares son constitucionales y legales y benefician a todo el mundo al fin y al cabo.

Finalizada mi exposición, hago el llamado a todos los que sean responsables de aprobar y que trabajan en estos proyectos y a la Nación chilena toda a decirle sí a estos proyectos respectivos, a seguir apoyando y participar en los avances culturales, de cualquier rama que estos sean. Porque un país sin cultura está condenado a la aculturización y la crisis total, apoyo a la cultura chilena y le digo sí a la justicia cultural.

lunes, 6 de abril de 2009

REFLEXIONES SOBRE TELONEROS CHILENOS Y OTRAS COSAS

Conciertos y eventos en vivo. Algo que siempre esperamos y disfrutamos en Chile. Y si es un “gran grupo” extranjero o aun, chilenos (para las personas que saben apreciar el patrimonial cultural nacional) harán todo por estar presentes, llegando incluso a desembolsar grandes cantidades de dinero, participando en concursos, entre otras cosas.
Esta situación a mi juicio se acrecienta frente a grupos extranjeros; en estos últimos meses fuimos y seremos testigos de la venida de artistas de varios espectros, desde Iron Maiden hasta Oasis por citar. Una clara manifestación de la revolución que hacen los grupos grandes, los llamados “grupos masivos”, como los definen algunas personas.
Pero al ver el efecto de los grupos masivos (chilenos y extranjeros, pero sobre todo el caso de los extranjeros) en la cultura chilena, me pregunto porqué nosotros los chilenos estamos dispuestos a ensangrentar nuestras billeteras por eventos masivos el extranjero, mas la tratamos con candado para el caso de nuestros artistas chilenos, y en especial de las llamadas “bandas emergentes”.
A juicio personal, siempre lo foráneo es más difundido que lo propiamente chileno, quizá por ser considerado más atractivo, más original, más superior, etc. (lo que sin duda reviste falacia), además de la culpa que tienen los medios de comunicación, cuya mayoría no da el espacio que se merece lo chileno, por criterios economicistas o de terrorismo cultural (véase ejemplos de casos de terrorismo en las radios que se basan en el reguetón), y agréguese el papel nulo o excesivamente pasivo de las personas y entes responsables de una mayor difusión. La clave para subsanar a la larga dichos problemas es una política cultural activa, que complemente la acción entre los entes culturales y dé trato digno a toda la cultura chilena, en el caso expuesto, a la música chilena.
Las bandas emergentes dije en artículos anteriores, son esenciales para el país al ser principalmente fuentes de renovación y enriquecimiento cultural a lo largo de todo Chile. .Deben a mi juicio recibir apoyo, desde mayor disponibilidad de escenarios, mayor disposición de recursos (económicos y no económicos), además de un trato digno y ético, con igualdad de oportunidades, tarea en la cual todos tenemos algo para contribuir. Lo mismo aplica para los grupos ya considerados consolidados, o bien, estén entre las dos situaciones. Todos requieren urgentemente ya no un trato justo, sino un trato digno.
Entre otras medias, se sugiere (y este es el tema principal del artículo) que todos los eventos extranjeros que se presenten en Chile tengan teloneros chilenos.Una medida a mi juicio muy buena, que daría grandes oportunidades de difusión y de la cual, de hecho, hay un proyecto de ley que se encuentra en este momento en el Congreso Nacional. Una medida con la cual ganan todos. En primer lugar obviamente gana el telonero, pues aprovecha de mostrar su talento en el escenario; gana el teloneado, pues en cierto modo mejora su imagen frente a todos al dar la oportunidad en su evento de hacer participar al talento chileno y gana todo Chile, pues con eso se difunde mucho más cultura, hace que llegue a más personas y que surja un interés por lo nacional. Ejemplos de estos casos es la presencia de teloneros chilenos en el “Pepsi Fest” o el de Radiohead que fue teloneado por el grupo Casino, los cuales sin duda fueron eventos de gran éxito.
Hay críticas desde luego, mas me detendré en dos principalmente. La primera crítica dice que en realidad los chilenos ganan con los eventos extranjeros debido a que existen dineros transferidos a entidades como la Sociedad Chilena del Derecho de Autor (SCD). A ella debo responder que si bien es cierta la ganancia, no hay que reducir todo a meros criterios economicistas, pues al hacerlo “matamos” a la cultura nacional (el dinero no lo es todo); además de no apreciarse a simple vista la inversión de este dinero en un apoyo mayor para las bandas. La segunda crítica dice que los teloneros chilenos no funcionarían porque la gente paga por ir a ver al artista principal, no al telonero, y que en los casos que se ha dado ha sido frustrante para el telonero por no ser compatibles los estilos. Se responde a esta crítica que el tema de incompatibilidad de teloneros no es un problema de derecho, sino de hecho, y para solucionarlo se necesita hacer caso al sentido común (obviamente es muy arriesgado poner un grupo “pop” teloneando a uno de “death metal”) buscando compatibilidad entre telonero y teloneado. Y sobre la primera parte de la segunda crítica si bien es verdad la causa del contrato, el telonero viene a ser una muestra interesante de talento nacional para el espectador del concierto, talento que debe ser respetado; además un poco de chilenidad y educación no le hace mal a nadie. Se ve que las críticas en esta materia en realidad tienen otras causas distintas al constructivismo y que al contrario, intenta seguir con el asqueroso y cobarde sistema de chaqueteo. Volver al caso del Pepsi Fest o de la mayoría de eventos con telonero chileno compatible, se verá el éxito y buena acogida de la medida.
Se puede ver que todos ganan con esta medida de teloneros chilenos y que si es factible.
Ahora hay que esperar que salga la “ley de teloneros”. Mientras tanto, el llamado es a seguir trabajando, a generar conciencia, a brindar espacios y apoyo a nuestros artistas chilenos, emergentes y consolidados, nortinos y sureños, etc., sin miedos. Como dije, cada uno tiene su grano de arena para aportar a esta noble labor de construcción cultural. ¡A ponerlo en la mesa al servicio de la cultura!